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diciembre, jueves 8, 2022

Regresa a la Tierra el avión espacial X-37B tras más de dos años en órbita

La aeronave de Boeing recibió el trofeo Robert J. Collier por mejorar el rendimiento, la eficacia y la seguridad de los vehículos aéreos y espaciales

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Florencia Amat / Aviación Digital, Sp. – El avión espacial X-37B aterrizó este 12 de noviembre en el Centro Espacial Kennedy de la NASA en Florida, después de pasar 908 días en el espacio. Lanzado el 6 de mayo de 2020, esta aeronave ha superado su récord anterior de permanecer 780 días en órbita. Con esta ya van seis misiones completadas por un X-37B, llamada también OTV-6 (Orbital Test Vehicle 6). En total, el avión espacial ha recorrido más de dos mil millones de kilómetros y ha pasado 3.774 en el espacio exterior.

Esta misión “ultrasecreta” de las Fuerzas Aéreas estadounidenses ha podido llevarse a cabo gracias a la colaboración con Boeing, quien fue el encargado de construir el X-37 que se utiliza en Estados Unidos para este tipo de cometido. La NASA también puso de su parte para el desarrollo de esta astronave no tripulada de larga duración.

Antecedentes del X-37B

Allá por finales de los 90, ya se estaban teniendo conversaciones en la NASA sobre cómo abaratar los costes de los viajes al espacio. Así nació Future-X, un proyecto donde se probaron nuevas tecnologías para mejorar la relación calidad-precio de los cohetes. Uno de sus objetivos era encontrar un sucesor indicado para el transbordador espacial.

Aquí es cuando entra Boeing con su propuesta de un avión espacial no tripulado basado en el transbordador espacial convencional: el X-37. Este modelo pretendía hacer que los viajes al espacio resultasen hasta 10 veces más baratos. Sin embargo, por razones de agenda de la NASA, el proyecto del X-37 se paralizó en 2003, cuando ya se les había encargado la construcción dos vehículos.

El cambio de intereses y el tomo de mando de la agenda espacial por la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa (DARPA) en 2004 hizo que se retomara el interés por el X-37. Según los informes, se sabe que Boeing llegó a fabricar uno de los dos aviones solicitados. DARPA lo clasificó para futuras misiones secretas y siguió estudiando su otro prototipo, el X-37A. Este último fue clave para el correcto desarrollo y funcionamiento del X-37 que se encuentra operativo en la actualidad.

No fue hasta 2006 cuando se empezó a mover el entramado del X-37B como lo conocemos hoy en día. El programa diseñado por la Oficina de Capacidades Rápidas de la Fuerza Aérea de Estados Unidos y apoyado por Boeing y la NASA tenía como objetivo crear una nave reutilizable no tripulada de larga duración.

En un procedimiento de prueba, el Vehículo de Prueba Orbital X-37B se desplaza en la línea de vuelo en junio de 2009 en la Base Aérea de Vandenberg, California – Fuerzas Aéreas de EE.UU.

Así es como nace el X-37B: una nave de 8,9 metros de longitud, 2,9 de altura y con una capacidad de 227 kilogramos. Tiene una estructura y un perfil de aterrizaje similares a los de un transbordador espacial, pero siendo cuatro veces menor en tamaño. “El diseño del X-37B combina lo mejor de las aeronaves y las naves espaciales en un sistema asequible y fácil de operar y mantener”, en palabras de Boeing.

Misiones secretas, misteriosas y confidenciales

Las misiones operadas por el X-37B están clasificadas como secretas por las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos de América, concretamente por la Fuerza Espacial. Sin embargo, se sabe desde un principio que el objetivo de esta sexta misión era realizar experimentos en la órbita baja de la Tierra, a la vez que probar e integrar nuevas tecnologías referidas a los vehículos espaciales reutilizables.

Desde la página oficial de las Fuerzas Aéreas estadounidenses, se dice que el X-37B Orbital Test Vehicle (OTV) es “un programa de pruebas experimentales para demostrar las tecnologías de una plataforma de pruebas espaciales fiable, reutilizable y no tripulada para las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos. Los objetivos principales del X-37B son dos: desarrollar tecnologías de naves espaciales reutilizables para el futuro de Estados Unidos en el espacio y conducir experimentos operativos que puedan ser devueltos -y examinados- en la Tierra”.

Esta es la primera vez que la aeronave llevaba consigo un módulo de servicio para aumentar su capacidad de transporte de cargas útiles. El módulo se separó del OTV antes de desorbitarlo, lo que garantizó un aterrizaje seguro y satisfactorio. Esta misión también albergó múltiples experimentos de la NASA, entre ellos el de Exposición de Materiales e Innovación Tecnológica en el Espacio (METIS-2), que evaluó los efectos de la exposición espacial en diversos materiales. También se observaron los efectos de la exposición espacial de larga duración en las semillas. Este experimento se ha convertido en un referente a estudiar para futuras misiones interplanetarias y para el establecimiento de bases permanentes en el espacio.

Más allá de estas explicaciones, no hay más información sobre esta misión ni sobre las cinco que le preceden. La carga útil del avión permanece como un secreto, aunque el tipo de misión siempre se ha especificado, aunque sea a grandes rasgos.

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