Aviación Digital, Sp.- En una entrevista exclusiva en Aviación Digital, el experto en factores humanos y ergónomo certificado José Sánchez Alarcos, colaborador externo de EASA y OACI, ha puesto sobre la mesa una verdad incómoda: la aviación actual confía tanto en la complejidad tecnológica que olvida sus fragilidades estructurales, visibles solo cuando ocurre una catástrofe.
Las lecciones que nadie quiso ver: Chapecoense y 737 MAX
En su libro, Sánchez Alarcos analiza dos accidentes emblemáticos que, según él, siguen el mismo patrón de “truco del mago”: desviar la atención hacia el piloto o la aerolínea para ocultar fallos mucho más profundos.
- Vuelo Lamia 2933 (Chapecoense, 2016): El avión se quedó sin combustible porque el plan de vuelo igualaba exactamente la autonomía (4 h 22 min) sin reserva obligatoria. El operador ya había realizado ocho vuelos similares con déficit de combustible. Un controlador aéreo alertó por escrito del riesgo, pero su superior lo ignoró y aprobó el vuelo.
- Boeing 737 MAX (Lion Air y Ethiopian, 2018-2019): Boeing instaló el sistema MCAS sin informar a los pilotos ni exigir nuevo entrenamiento, todo para evitar costes de recertificación. El objetivo: que el nuevo modelo se comportara como el certificado en 1967. La FAA validó el diseño y, mediante acuerdos bilaterales, el resto del mundo lo aceptó sin cuestionar.
Directiva de emergencia EASA en más de 6.000 Airbus A320
La entrevista coincide con la última Directiva de Aeronavegabilidad de Emergencia de EASA (noviembre 2025) que afecta a las familias A319/A320/A321 por un fallo en una computadora de control de vuelo que puede provocar movimientos no comandados del elevador.
Sánchez Alarcos valora que EASA haya actuado de forma inmediata y sin consulta previa —algo excepcional.
Las tres grietas que nadie quiere tapar
El experto identifica tres vulnerabilidades estructurales del sistema de supervisión actual:
- Ignorancia financiera deliberada de la situación financiera de las aerolíneas (salarios impagados, seguros caducados, patrimonio ridículo como los 10.000 dólares de Lamia).
- Supervisión solo documental: se revisa “el papel” pero no la operación real.
- Cultura del corto plazo: bonos directivos ligados al 75 % al beneficio financiero y solo 25 % a calidad y seguridad (caso Boeing).
“La OACI habla de inteligencia de seguridad, pero sigue siendo tímida y no incluye explícitamente el análisis financiero de las compañías”, concluye Sánchez Alarcos.
El mensaje es claro: hace falta pasar de una supervisión episódica y reactiva a un modelo continuo, parecido al de Hacienda, que cruce datos y haga saltar alarmas cuando “algo no encaja”.






