
Este hecho entra en contradicción con la afirmación de la Agencia de Seguridad en el Transporte de que ese tipo de tecnología está diseñada para impedir a los técnicos que "almacenen, impriman, transmitan o guarden las imágenes".
Desde el mes de enero, los aeropuertos norteamericanos cuentan con una nueva generación de escáneres que ayuda a detectar a fondo la posible presencia de explosivos o armas. El aparato tiene forma de cilindro en el que el pasajero entra descalzo y alza los brazos. Dos generadores lanzan radiación de baja intensidad y un técnico localizado en una habitación separada examina la imagen.
El aeropuerto de San Diego, en California, es uno de los que ya dispone de este sistema de registro y fue allí donde saltó la polémica. El pasajero John Tyner se disponía a tomar su vuelo, pero antes de ello se negó a entrar en la máquina preocupado por los efectos de la radiación y por las imágenes de su cuerpo desnudo. Tyner intentó que en lugar del escáner los agentes le hicieran pasar por el clásico detector de metales.

Al raíz de estas polémicas, el debate está en la calle en Estados Unidos. Diversos sindicatos de pilotos recomiendan a sus afiliados que no se sometan a esos escáneres, expresando dudas sobre sus posibles efectos dañinos y algunos ciudadanos han convocado días de desobediencia en los aeropuertos. Existe una campaña en internet programada para que, la víspera de Acción de Gracias, los pasajeros se nieguen a pasar por los escáneres.
Sin embargo, a tenor de los sondeos realizados por la cadena de televisión CBS, el 81% de los ciudadanos sigue estando de acuerdo con la utilización de los escáneres.
El debate también ha llegado a la clase política. Algunos opinan que la radiación se produce demasiado cerca de las partes íntimas . Así se expresó el senador por Florida, George LeMieux: "No dejaría que nadie tocara a mi mujer de ese modo. No dejaría que a nadie se le tocara de esa manera. Hemos ido demasiado lejos". Mientras, desde el Gobierno se defiende la iniciativa a pesar de las polémicas y se basa en que los detectores de metales no son suficientes. "Nuestra misión es garantizar la seguridad en los vuelos", sentencia John Pistole, jefe de la Agencia de Seguridad en el Transporte.






