
Los controladores en el día de hoy han votado mayoritariamente a favor de estos paros. Pero ha habido una excepción, muy sintomática, como es la de que mayoritariamente han votado NO en la TWR de Madrid-Barajas. Este reducto «galo», en medio de lo templado del pronunciamiento mayoritario a favor de los paros parciales, realmente está indicando por un lado que el epicentro del miedo podríamos situarlo allí de forma simbólica y de la decepción, unido al epicentro de las posturas más propensas quizás a no amagar simplemente con unos paros parciales, e incorporarse al mercado de los derechos de los países de nuestro entorno, entre ellos al derecho a huelga, como recientemente ha sucedido en Portugal o Francia sin que ningún medio cacareara como lo suelen hacer los medios españoles cuando asocian maliciosamente «huelga y controlador». Claro que con la reciente aprobación casualmente hace unas semanas de una normativa aún más restrictiva por el Gobierno de la Nación, nos encontramos como el poder ha reforzado su vertiente represiva para estos trabajadores, dándole forma de Ley mordaza.
Las posturas templadas de los controladores aéreos están señalando que el Síndrome de Estocolmo por la presión que llevan ya cinco años soportando, está haciendo mella seriamente. Esto, en otro oficio quizás simplemente podría tener unas consecuencias a las personas que lo sufren, limitadas a ellas mismas. Pero en el caso que nos ocupa la trascendencia es una derivada de la función que ejercen. Deben saber los lectores que ante una situación como esta, los poderes públicos que sufragan los ciudadanos con sus impuestos, miran para otro lado, y aquellos que tienen el sagrado deber de velar por la seguridad, supervisar el cumplimiento de la normativa, y corregir las falencias detectadas, es decir AESA, no está ni tan siquiera recibiendo por temor puro y duro, quizás notificaciones al respecto, y tampoco lo está de oficio investigando.
Los controladores aéreos españoles, cinco años después, tienen conculcado un derecho fundamental como es el de poder ir a la huelga. Estos paros convocados verán como los Servicios Mínimos que se decreten, estarán por encima del 100%. Y esta es la gran contradicción, puesto que si se trata de un servicio público esencial, ¿cómo es posible que se esté prestando en estas condiciones?.
Murphy, efectivamente amaga pero al final golpea. La mayor parte de las veces amaga el muy cínico. Pero cuando se alínea con las circunstancias desfavorables no hay forma de pararle. Murphy está revuelto. Ve un personal presionado, cansado, desmotivado, y sobre todo, ultimamente, muy decepcionado con aquella esperanza zamorana que recogió el testigo del bachiller Blanco. Murphy no mide cuando su paciencia, cuando esa alineación fatal se manifiesta. Murphy está viendo como a ese capital humano devaluado por las circunstancias, se está sumando ultimamente el que se reiteran fallos técnicos importantes como caída de radar o comunicaciones nada menos. Murphy observa a uno de nuestros controladores que frente a su consola por primera vez en años ha tenido la horrible sensación que un conductor tiene cuando se olvida de que está conduciendo y los kilómetros pasan en blanco delante de sus ojos fijos… Murphy está agazapado esperando la alineación final de la presión+fallo técnico+… cualquiera sabe que más eslabones herrumbrosos esperando la situación propicia.
Los controladores españoles hoy han amagado con unos inocentes paros parciales el derecho a huelga. Pero ese es un derecho que además de poseerlo según nuestra Constitución marca, hay que defenderlo, según tambien marca esa Constitución. No se trata de heroicidades ya. Se trata simple y llanamente de defendernos a todos cuando un derecho fundamental se ve violentado. Tambien lo ha sido el obviar la voz de la Justicia, y tomársela por su mano, por la vía del procedimiento laboral interno. Los 61 trabajadores de Barcelona han visto como pese a un pronunciamiento judicial en firme, a pesar de ello, se han utilizado otras vías para mostrar en manos de quién está el poder… simplemente. Cuando el poder se ejerce por aquellos a quien no compete, por encima del Ejecutivo, del Judicial, a nadie se le ocurriría erigirse en el cuarto poder en la sombra, la Empresa. Ya sólo nos faltaba eso.






