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septiembre, martes 28, 2021

Los hongos de la risa o cómo volverse loco buscando una avería

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(UGEC Blog/Javier Bujalance) Granada, SP, 15 de marzo de 2016.- ¿Qué pasaría si, sobrevolando Japón, Godzilla nos endiñara un zarpazo y nos mandara al suelo? La respuesta es obvia y, por supuesto, no vamos a ahondar en la psicología de los monstruos (que ya bastante tienen con lo que tienen). Sin embargo, ¿tiene ese monstruo que estar obligatoriamente en el exterior? ¿y tiene que medir 300 pies?

La realidad, amigos, es que los aviones se averían de la misma forma que lo harían coches o trenes y no siempre por causas puramente mecánicas. A un avión le pueden caer granizos como castañas y dañarle los estabilizadores o que, por medio de fatiga térmica, no funcione correctamente el sistema del tren de aterrizaje… pero, ¿y si la aeronave funciona maravillosamente bien y no somos capaces de despegar un palmo del suelo? En ocasiones como éstas, los responsables del mantenimiento del avión se vuelven locos revisando circuitos, sistemas y componentes. Siempre pensamos, en este mundo tan técnico (en ocasiones, excesivamente), que el origen de la falla procede de la estructura.

Si esta cantidad de andamiaje solo sirve para el mantenimiento del fuselaje, imaginad qué no pondrán para la revisión a nivel interno del resto de la aeronave

Antes de deciros directamente el origen, vamos a abrir un poquito la mente: Si descartamos el fallo estructural, en los sistemas eléctricos/electrónicos, en los mecánicos y en los hidráulicos, no queda más remedio que pensar en el sistema de combustible. Demos un paso más allá. ¿Qué puede ocurrirle al sistema de combustible? A parte de un fallo en los medidores, en las válvulas y bombas o en el sistema de ventilación, lo lógico es pensar en la calidad del combustible. Bingo.

Hace 40 ó 50 años, éste era un verdadero quebradero de cabeza, especialmente, en los vuelos internacionales. Estos pequeños Godzillas del aire pueden ser encontrados como Hormoconis Resinae, o, Cladosporium Resinae. Como sabéis, al ser el combustible derivado del petróleo (entre otras sustancias) es susceptible de contaminación biológica (bacterias y hongos) que producen desde corrosión hasta alteración de las características del fuel y tapones en los conductos y componentes del sistema.

El descubrimiento de estos bichejos surgió, como os he adelantado, al analizar la caída del rendimiento motor en vuelos de larga distancia en los que era necesaria una escala técnica para repostaje. Hace medio siglo no era tan fácil garantizar la adecuada calidad del combustible en todos los aeropuertos, así como tampoco había tanques de combustible que aseguraran al 100% estanqueidad. Por suerte para todos, hoy estos “hongos de la risa” (la que le da a los responsables de la aerolínea cuando no encuentran la avería) ya no son un problema gracias a los biocidas, a los aditivos en el combustible y al enorme avance en la fabricación y mantenimiento del sistema de combustible.

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