100 años de motores de aviación en España

Alvaro González Cascón

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Madrid, SP.- El año 2017 celebramos el centenario de un motor con él que ELIZALDE, fundada en 1909, dio el primer paso hacia la aviación. Con motivo de este centenario se ha celebrado una exposición conmemorativa: “De ELIZALDE a ITP: 100 años de motores de aviación en España”, que ha permanecido abierta del 6 de noviembre al 15 de diciembre en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Aeronáutica y del Espacio de la Universidad Politécnica de Madrid. En ella se han expuesto 18 motores o partes de ellos, con la intención de reconstruir un pasado y presente industrial, así como mostrar la capacidad de diseño español en el campo de los propulsores aeronáuticos.

Alvaro González Cascón explicando a los asistentes uno de los histórico motores de Elizalde expuestos con motivos de la Exposición

En julio de 1917 terminó sus pruebas en banco un primer prototipo. Tras diseñar dos propulsores y realizar, en 1918, con éxito los ensayos en vuelo, instalado en un Maurice Farman. Para estos motores ELIZALDE aportó su innovación más universal que fue registrada en una patente: culatas de bronce-aluminio, que aplicó tanto a motores de automóvil como de aviación, con la que se conseguía aumentar la compresión y por tanto el rendimiento evitando problemas de calentamiento y autoencendido.

La empresa continuó exclusivamente con los automóviles, para retornar a los motores de aviación a partir del año 1925 y dedicarse a ellos con exclusividad. En 1926 Elizalde inició las entregas del motor Lorraine W12, de 450 CV, para el avión Breguet XIX fabricado por Construcciones Aeronáuticas. La fabricación bajo licencia ofreció una nueva oportunidad de supervivencia a la empresa que mantenía una clara vocación de diseño propio. El hijo del fundador, Salvador Elizalde Biada, proyectó una nueva familia de motores en estrella de 5, 7, y 9 cilindros, con potencias de 180, 320 y 420 CV, denominados DRAGÓN en los que todos los componentes y materias primas eran de producción nacional, incluido el Walter de 100 CV fabricado bajo licencia, la Guerra Civil paralizó la producción y los desarrollos propios.

Después vendrían más motores cuyo proyecto estaba basado en modelos de los años 30 como el Beta 770 CV, el Tigre 125 CV, y el Sirio 500 CV de diseño enteramente original. ELIZALDE S.A, se mantuvo en manos de la familia hasta 1951 cuando fue nacionalizada, cambiando su razón social por E.N.M.A. S.A. (Empresa Nacional de Motores de Aviación). El diseño de los motores Flecha de 90 CV y Alción de 275 CV fue obra de un potenciado Departamento Técnico; también se produjo bajo licencia el reactor Turbomeca Marboré de 400 kg de empuje para el Hispano HA 200 Saeta, en esta nueva etapa.

La producción se trasladó desde la antigua fábrica de San Juan, en el centro de Barcelona, a la nueva de San Andrés, alejando de la población el elevado nivel de ruido que generaban los bancos de prueba de motores. La producción aeronáutica se simultaneó con la de motores diesel refrigerados por aire para vehículos industriales y otras producciones no aeronáuticas, aprovechando la capacidad y excelente calidad de su taller de forja.

Se instalaron talleres en Alcalá de Henares y una nueva factoría en Ajalvir (Madrid) para atender las necesidades de revisión y mantenimiento del motor a reacción GE J47-27, que propulsaba los aviones Sabre del Ejército del Aire, ampliando su actividad a otros tipos de reactores.

A partir de 1964 la factoría de Barcelona continuó la actividad ya iniciada de motores de automoción con la producción para Mercedes Benz de un primer modelo, el OM636, pasando a denominarse CISPALSA, hasta ser adquirida directamente por Mercedes Benz, la única factoría Mercedes en Europa fuera de Alemania. La de mantenimiento fue absorbida por C.A.S.A. en 1971, convirtiéndose en su División de motores, desapare así la razón social E.N.M.A. S.A., para transferir esta actividad en 1989 de CASA a la recién creada ITP, Industria de Turbo Propulsores, que retomó la capacidad de diseño en motores de aviación que tuvo en su origen Elizalde.

La compañía comenzó diseñando componentes para un programa de defensa – el motor EJ200 del avión de combate europeo Eurofighter, con el apoyo de sus dos accionistas de origen, Rolls-Royce y SENER. En la actualidad, la mayor parte de la facturación de ITP proviene de programas de aviación comercial para Rolls-Royce y otras compañías motoristas de primer nivel. De hecho, más de la mitad de los aviones de doble pasillo que vuelan en la actualidad lo hacen con turbinas de baja presión diseñadas y fabricadas por ITP. Además, la división de mantenimiento de motores la compañía genera un importante volumen de negocio, siendo uno de sus clientes históricos el Ejército del Aire español.

Desde su creación en 1989, ITP se ha desarrollado dentro del sector, hasta convertirse en la novena compañía de motores y componentes aeronáuticos del mundo.
La base del éxito de ITP radica en haber creado una tecnología propietaria, a la que destina alrededor del 10% de la facturación anual (67 millones de euros en 2016).

Con sede en Zamudio, País Vasco, ITP cuenta con más de 3.500 empleados con centros en España, Gran Bretaña, Malta, EEUU, India y México, de los cuales más de 1.000 son ingenieros.
Muy pocos países cuentan con una empresa de motores aeronáuticos propia y, gracias a ITP, España es uno de ellos.

ITP es heredera de esta trayectoria motorística. La continuidad de esa vocación de diseño y fabricación se ha mantenido vigente a lo largo del tiempo hasta la actualidad. El hilo conductor desde el origen, Elizalde, y a través de las distintas razones sociales, hasta la actualidad, es el capital humano: trabajadores y técnicos de todos los niveles muy especializados y que resultaron fundamentales para pasar de una economía agrícola, la existente en 1917, a industrializada y la posindustrial contemporánea.

La Exposición “De Elizalde a ITP: 100 años de aviación en España” estuvo comisariada por el autor de este artículo, Alvaro González Cascón y Alfredo López Díaz.

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