Dublín, IRE.- El todopoderoso Michael O’Leary, al cual muchos ven, o quieren ver, fuera de filas, está lejos de estarlo. Las duras negociaciones con los sindicatos, las múltiples huelgas, la incertidumbre del Brexit, la caída en Bolsa o los malos resultados de los últimos meses pueden haber pasado factura al directivo, el cual ha recibido su “merecida patada”, eso sí, hacia arriba.

Según anunció ayer la compañía, O’Leary, de 57 años, dejará el día a día de la compañía, incluidas las negociaciones con los sindicatos. Sin embargo, ocupará el puesto de Consejero Delegado del grupo completo. Este grupo está formado por Ryanair DAC (Matriz), Laudamotion, Ryanair Sun y Ryanair UK, la nueva filial británica que creada para sortear los problemas derivados del Brexit. El nuevo contrato se prolonga durante cinco años.

La nueva función de O’Leary al frente del holding deberá centrarse en la eficiencia financiera, reducción de costes generales del grupo, adquisición de nuevos aviones y nuevas oportunidades de negocio. Por tanto, Ryanair busca nuevo consejero delegado para dirigir la aerolínea de un modo más “amable” y dejando a un lado este modelo más radical establecido hace más de 30 años.

La aerolínea ha presentado recientemente los resultados del último trimestre de 2018, la cual reflejaba unos beneficios de 19.6 millones de euros menos que en el mismo periodo del año anterior, aproximadamente 106 millones en 2017.

La primera aerolínea de bajo coste de Europa atribuye ese cambio de tendencia al descenso del 6% en las tarifas durante la temporada de invierno, dentro de un sector castigado por el exceso de capacidad.

El tráfico de Ryanair aumentó un 8%, hasta alcanzar los 33 millones de pasajeros, durante los nueve primeros meses de ejercicio fiscal. Como consecuencia, los ingresos crecieron un 9%, hasta los 1.530 millones de euros, sobre todo gracias a los ingresos complementarios (reserva asientos, equipajes, embarque prioritario, etc), que aumentaron un 26% y llegaron a los 557 millones de euros. Lo cual pone en entredicho las afirmaciones de la aerolínea de noviembre, en las que aseguraban que no significaría un incremento considerable de ingresos, sino que tan solo aligeraría los embarques.

Con tarifas a la baja por la creciente competencia y los costes de combustible y personal disparándose, la principal medida que tiene Ryanair de mejorar sus ganancias son estos extras, que países como Italia han prohibido por considerarlos una subida encubierta de precios.

El aumento de los ingresos asociados al asiento y el equipaje compensaron parcialmente el ascenso de los precios del combustible (+6%), del personal (un 20% en el salario de los pilotos) y de los costes derivados de la cancelación y retraso de los vuelos por las huelgas del personal propio y los controladores.

Las acciones de Ryanair, que bajaron más del 40% desde un máximo de 19,39 euros hace 18 meses antes de una ola de problemas de relaciones laborales, cayeron un 2,27% este lunes, y cerraron en 11,18 euros.

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