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octubre, viernes 22, 2021

Amelia versus Beluga… ¿quién es más grande?. He ahí el dilema

Un siglo después...

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Amelia E., Aviaciondigital.- Cuando la gran aeronave Beluga rompe el tiempo con su impactante presencia en los cielos, su amplia y luminosa sonrisa evoca a la de Amelia Earhart, la mujer que ha sido y será por siempre, uno de los pesos pesados de la historia de la aviación.

Es increíble cómo hay personas que aún sin siquiera conocerlas marcarán un antes y después en nuestra historia, nuestros recuerdos y nuestros pensamientos. Del mismo modo que hay aeronaves que nunca pasarán desapercibidas ante la fija mirada en su trayectoria de todo aquel que las contemple. Personas o aeronaves que dejan estela e impronta por donde pasan y que simplemente, nacen destinadas a ser especiales.

Amelia Earhart

Hablar de ella es hablar de una pionera, de una mujer adelantada a su época y que nunca renunció a su independencia. De la piloto más famosa de todos los tiempos que enseguida supo que había nacido para volar, y cuya imagen un siglo después, sigue estando en nuestra memoria.

Hablar del Beluga es hablar de uno de los aviones más curiosos y apreciados de nuestra historia de la aviación y que en la actualidad sigue en servicio. Es el cetáceo más grande de Airbus en surcar los cielos, llamado así por su parecido con la ballena blanca del Ártico. Es una aeronave de la clase de súper transportador destinada al transporte de componentes clave de los aviones desde las fábricas donde se construyen hasta los lugares de ensamblaje final en Francia, Alemania y España.

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Beluga XL. Foto: Aviaciondigital

Subirse a un avión es hoy en día es algo normal en nuestras vidas, independientemente de la frecuencia con que sea haga, y, aunque la historia de la aviación se remonta mucho tiempo atrás, han sido muchos los que han diseñado estás máquinas capaces de vencer la gravedad y atravesar los cielos. Hoy en día contamos con numerosos modelos de aeronaves comerciales, aeronaves militares utilizadas para fines bélicos y también aviones de carga y de transporte que hacen la labor de puente aéreo entre las propias fábricas de los gigantes de la industria aeroespacial.

Cuando a principios de los 70 Airbus vio necesario el transporte aéreo de distintos componentes que antes se llevaban por tierra o por barco, no dudó en adquirir cuatro Super Guppy que eran conversiones del Boeing 377, paradójicamente fabricado por su eterno rival norteamericano, y que habían pertenecido al programa espacial Apolo de la NASA.

Super Guppy

Pero estos aviones turbohélices ya bastante antiguos no dieron más de sí, además de que tenían un alto coste de mantenimiento y su capacidad no era suficiente para abastecer de las piezas necesarias para la producción de las factorías de Airbus. Se decidió que era el momento de evolucionar a un modelo propio.

Así, en 1992, a partir del fuselaje del Airbus A300 se desarrollaría una primera generación de aeronaves de carga con un espacio totalmente diáfano y circular, cuya tarea principal sería el transporte de los componentes desde los lugares de producción hasta las cadenas finales de montaje de las fábricas de Airbus. Además, estarían preparadas para otros trabajos como el traslado de componentes de la Estación Espacial Internacional, maquinaria industrial e incluso helicópteros.

Había nacido el Beluga, un avión con grandes modificaciones para poder llevar cargas de gran tamaño diseñado por Airbus y como respuesta al dominio de la industria de estados Unidos en el sector, que ya contaba con el Dreamlifter de Boeing, la aeronave de carga más larga del mundo y de la que se dice que parece tener joroba o que simplemente ha engullido mucho.

Beluga Test

El montaje del avión terminó siendo su vuelo inaugural en septiembre de 1994. Su desarrollo pasó por mantener las alas, los motores, el tren de aterrizaje y parte del fuselaje. Se modificó sin embargo la estructura de la cola, mas alargada y ensanchada, y con dos timones adicionales para mejorar la maniobrabilidad y estabilidad del avión. Se construyeron un total de cinco Belugas, nombre que tomó de éste cetáceo gracias a la particular forma de su chasis, semejante al de esta ballena habitante de los mares árticos.

En 1898 nació Amelia Earhart, que consiguió su primera licencia como piloto en 1923 y que se convertiría en la piloto estadounidense más famosa de todos los tiempos, gracias a la fama mundial que alcanzó con sus diferentes logros en el mundo de la aviación.

El salto a la fama le llegó a raíz de su participación en un vuelo transatlántico. Su futuro marido y fanático del mundo de la aviación, George P. Putnam, tenía como proyecto personal organizar el primer vuelo femenino sobre el atlántico, y, además, buscaba alguna joven piloto que pudiera realizar este propósito. Encontró en Amelia su icono ideal: Una mujer sublime, con mirada adolescente, cabello desordenado, aires de modelo y cuyo físico recordaba al legendario piloto Charles Lindbergh. Amelia se convertiría en la imagen de la mujer activa, decidida y valiente que se hizo famosa como la Reina del Aire y cuyo afán de llegar aún más lejos, la elevaría al rango de mito americano.

La aviadora estadounidense Amelia Earhart recibida tras su viaje trasatlántico desde Terranova en 1932. FOTOGRAFÍA DE KEYSTONE-FRANCE/GAMMA-RAPHO, GETTY IMAGES

Fue parte de la tripulación acompañando al pilot Stultz, y a Gordon, el mecánico y aunque no contaba con mucha experiencia con los instrumentos de navegación, se encargó de la redacción del diario de abordo, suficiente cometido para convertirse en la primera mujer en cruzar el atlántico a bordo Fokker FVII bautizado comoFrienship”.

A pesar de que Amelia se sintió como si fuera parte de la carga del avión, su imagen pública se hizo notable en una sociedad que buscaba este ideal de la nueva mujer. Había nacido una celebridad y se había convertido en la sensación del momento que bien podría hacer sombra a las grandes divas de Hollywood.

Hay generaciones de mujeres como Amelia, con sonrisas resplandecientes cuyo objetivo era siempre llegar más alto y más lejos. Hay nuevas generaciones de aeronaves cuya sonrisa no deja a nadie indiferente y en Airbus lo saben. El Beluga ST de la primera generación paso a ser un Beluga XL con ojos, boca y una espectacular sonrisa. Tras una encuesta realizada a más de 20 mil empleados, este diseño fue el claro ganador. A todo el mundo le encanta este avión tan especial con sonrisa triunfadora.

El Beluga XL es la nueva generación sustituta del icónico primer Beluga, con distintas modificaciones y dimensiones desarrollado por Airbus, con una versión más moderna en cuanto a tecnología, y que ha hecho que el cetáceo ya gigante, se haga un poco más grande, de manera que, si su predecesor podía transportar un ala del A350, la bestia XL pueda llevar dos.

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Beluga XL. Foto: Aviaciondigital

Su curioso semblante no deja a nadie indiferente sobre todo cuando se le ve por primera vez. Es llamado a ir sustituyendo paulatinamente a la actual flota de Belugas ST de Airbus, utilizándose además en vuelos especiales como traslados de helicópteros militares, e incluso obras de arte como “la libertad guiando al pueblo de Delacroix, que volvió a Paris después de haber visitado Tokio«. Ni Delacroix hubiera podido imaginar que este cuadro tendría tanto recorrido.

Realizó su primer vuelo operativo en 2020 y se le conoce como “la ballena voladora”, siendo una de las aeronaves con la bahía de carga más grande de todo el mundo insertada en su fuselaje y que le da esa forma tan distintiva.

El Beluga XL llama la atención por su figura y diseño, es totalmente blanco como los cetáceos adultos y del mismo modo, posee la prominencia frontal distintiva, que en caso de esta aeronave figura como una escotilla delantera que se abre para recibir carga y cuya burbuja es seis metros más larga y uno más ancha que en el original.

Esta apertura frontal permite mucha accesibilidad a grandes mercancías, lo que se aprovecha fundamentalmente en las fábricas de la compañía para poder desplazar las grandes piezas de sus aeronaves, contando además con una autonomía de algo más de 4 mil kilómetros.

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Beluga XL en Getafe. Foto: Aviaciondigital

Desempeña, por tanto, un papel primordial para la construcción de otros aviones comerciales de pasajeros que muchos utilizaremos en las décadas venideras, a pesar de que no podamos viajar en él. En su magnífica bodega se transportan grandes componentes, alas, timones de dirección, e incluso fuselajes enteros, muchos más numerosos que en su primera versión. Es más que un avión ya que gracias a él se pueden seguir construyendo aviones hoy en día.

Se podría decir que el primer viaje de buena parte de estos componentes incluso antes de convertirse en aviones, es a bordo de un Beluga, una aeronave cuya nariz en forma de ballena optimiza la eficiencia aerodinámica en el vuelo, de igual manera que los cetáceos hacen bajo las aguas, ya que de alguna manera volar en el aire es como nadar en el mar.

Hoy en día contamos con grandes aeronaves tipo cargueros que pueden transportar cargas muy pesadas como el colosal Antonov An-225, o el Lockheed C-5 Galaxy, pero el Beluga, sin ser el más grande de ellos, puede transportar cargas muy voluminosas en su compartimiento de más de 37 metros de largo y 7 de diámetro, que alberga alrededor de 53 toneladas de carga. No se trata de ser el avión de mayor tamaño o el que pueda transportar más peso, cada una de estas aeronaves está diseñada para un objetivo concreto, y hacerla más grande no tiene sentido si no hay un fin determinado.

La norteamericana Boeing tiene su propia gran bestia, el Boeing 747 Large Cargo Freighter también conocido como Dreamlifter que usa para llevar los principales componentes del avión de pasajeros 787 Dreamliner a las fábricas de EE.UU. siendo asimismo el objetivo de esta aeronave, mover componentes de otros aviones que faciliten la producción en sus fábricas de la manera más eficiente posible.

BLCF (Boeing 747 Large Cargo Freighter). Foto Ricardo Torija

Lo que si ha supuesto un gran salto en cuanto a su predecesor, es que el Beluga XL cuenta con mayor tecnología y es mucho más sostenible, lo que se traduce en un menor consumo de combustible que genera menos contaminación y mejora de su rendimiento. Esta nueva clase de super transportador además posee un novedoso sistema de refrigeración en su bodega para poder transportar todo tipo de componentes y algunos que requieran de una temperatura especifica.

Además, para los pilotos no supone mayor dificultad pilotar esta gigante ballena voladora que surca los cielos, ya que todos coinciden en que es como volar un A330, incluso cuenta con los mismos motores Rolls Royce Trent 700. Así, son entrenados en uno de ellos y después obtienen una clasificación Delta para poder volar el Beluga XL.

Trent 700
Rolls Royce Trent 700. Foto Rolls Royce

Y aunque conseguir el certificado de esta nuevo modelo no fue tarea fácil, sobre todo por los problemas con el tonelaje del propio aparato, sus primeras apariciones públicas en el aeródromo de Toulouse-Blagnac han sido muy celebradas, y su refugio en España, en la planta que tiene Airbus en Getafe, tuvo que ampliarse con la inauguración en 2017 de un hangar de más de 7 mil metros cuadrados donde poder realizar las operaciones de carga y descarga además de la fabricación de parte de los componentes de esta aeronave.

La popularidad de Amelia fue creciendo durante los años en los que realizó distintos vuelos promocionando el uso comercial de la aviación, así como la incursión de la figura de la mujer en esta nueva profesión. Pero Amelia no solo quería seguir volando, quería llegar aún más allá, y volar más alto.

En 1937 se embarcó en el que sería su ultimo desafío, la vuelta al mundo. Su último vuelo fue junto con su copiloto y navegante, el capitán estadounidense Frederick J. Noonan, siguiendo la línea del ecuador para rodear el globo terrestre en un bimotor Lockheed Electra 10-E, un vuelo que anteriormente ser realizaba en etapas cortas y a través del hemisferio norte. A pesar de los inconvenientes que dieron lugar a algunos retrasos en el viaje, el mal tiempo, las reparaciones que se necesitaron en la aeronave e incluso el agotamiento físico de los dos tripulantes, saliendo desde Miami, consiguieron llegar a Java occidental, desde donde partirían hacia Australia habiendo dejado atrás un recorrido de cerca de 35 mil kilómetros en poco más de 30 días.

Quedaba un último tramo, en el que incluso Amelia no quiso seguir transportando los paracaídas en la aeronave confiando en que no los iban a necesitar. Un mes Julio, como en el que nos encontramos hace justo 84 años, con las reservas de combustible agotándose y tras despegar en medio de un fuerte temporal rumbo a la isla de Howland, se perdió todo contacto por radio con el avión. Amelia Earhart y su copiloto se desvanecieron sobre el pacífico.

Años después se sigue especulando sobre su misteriosa desaparición. Algunos sostienen que los dos ocupantes habrían conseguido llegar a alguna isla y sobrevivir como náufragos hasta el fin de sus días. Otros en cambio, se atreven a afirmar que Amelia habría sido prisionera por los Japoneses o que era espía y volvió bajo una nueva identidad, aunque la versión oficial defiende que, al quedarse sin combustible, el avión se hundió en aguas del Pacifico. Cualquiera que fuera su final, el destino de Amelia y su copiloto seguirá siendo un misterio que aún no se ha podido resolver.

Placa homenaje Amelia Amelia Earthart (24 Julio 1898 -2 de Julio 1937)

La imagen de Amelia Earthart nos seguirá fascinando allá donde se encuentre, una mujer invencible, símbolo de la tenacidad y valentía, pionera de la aviación que desde siempre quiso volar y no desistió hasta conseguirlo convirtiéndose en toda una leyenda.

Cuando el Beluga XL surca los mares del cielo, la eterna sonrisa con la que Airbus, a petición de sus empleados, decoró su cabina, es la sonrisa impertérrita de Amelia, una imagen que persistirá en nuestra memoria a través de los tiempos.

La inmortalidad la llamó un 2 de Julio, y Amelia una vez más, se atrevió a ir junto a ella. Donde quiera que se encuentre, su recuerdo seguirá vivo en nuestra memoria y en la de futuras generaciones.

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