El accidente del LZ129 “Hinderburg” también fue una tragedia evitable, como todas

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LZ129Guadalajara, SP, 7 de mayo de 2013.- Cuando el 6 de mayo de 1937, el dirigible Hinderburg se dirigía al poste de amarre, había una serie de amenazas que, a posteriori, resulta que son elementos desencadenantes causales de esa tragedia. Por sí sólas, esas amenazas no hubieran desencadenado el desastre, alineadas a modo de Reason, ni desembocarían por sí sólas en los 35 fallecimientos, de un total de 97 personas que se encontraban a bordo.

Cuando el LZ129 realizaba su aproximación final, había en cabina ya un factor detectado por la tripulación al mando, cuyo "capitán" ya conocía, como eran los amplios y profundos bancos tormentosos que rodeaban el lugar del amarre, en la Base Aeronaval de Lakehust (Nueva Jersey). El Hinderburg había utilizado varias horas, en espera de que las tormentas se disiparan, para proceder de forma segura al atraque.


Finalmente se decidió a las 19:25LT largar los cabos de amarre, según se acercaba al poste. Algunos testigos informaron posteriormente que en ese momento, en la popa se habría observado algo que definieron como "fuego de San Telmo", que son chispas extensas e inermes de electricidad estática, coincidentes con la percepción meteorológica previa de tormentas, por lo que el aire se encontraba cargado electricamente. Una chispa serviría de ignición repetentina a la parte superior de la popa de la aeronave, extendiéndose rapidisimamente al resto. Cuarenta segundos fueron suficientes para destrozar la envuelta totalmente.

El Hinderburg contenía 200.000 metros cúbicos de hidrógeno, gas altamente inflamable,, repartidos en 14 balones de este gas, y dos de aire. Su estructura era de dualminio, y tenía 245 metros de largo (más que tres B747 actuales), 41 metros de diámetro y dotado de cuatro motores de 1.200 CV diésel Aimler-Benz DB602. Su primer vuelo lo habría realizado el 4 de marzo de 1936. En el momento del accidente el Hinderburg había volado más de 308.000 kilómetros, transportando casi 2.800 pasajeros y cruzando 17 veces el Océano Atlántico.

La envoltura había sido tratada para que no acomulara electricidad estática, pero había un factor contribuyente y latente que amenazaba la seguridad: El hidrógeno. Aunque en un primer momento se pretendió llenarlo de Helio, un embargo de EE.UU. por motivos políticos, sobre este elemento, obligó a cambiar a los alemanes por hidrógeno, aún sabiendo que se trata de un gas altamente inflamable y explosivo. Tecnicamente el empuje pese a que su densidad es la mitad de la del helio, sólo supuso un incremento de un 10%. Es decir, pocas ventajas y muchos inconvenientes. Sobre todo el de la seguridad. Pero con ese 10% se incrementó la capacidad en 10 cabinas de pasajeros, y por lo tanto, a pesar de que iba lleno de hidrógeneo, la potencialidad de riesgo para las vidas humanas, se incrementó. El criterio economicista y de rentabilidad, ya estaba presente el día en que se materializó la tragedia.

En el propio diseño, por motivos aerodinámicos, las dependencias de los pasajeros se encontraban dentro de la estructura del dirigible. No así la tripulación que lo hacía en la barquilla.

Otro factor relevante era la envuelta. Construída en algodón, barnizada con óxido de hierro y acetato-butirato de celulosa impregnada en polvo de aluminio, dando lugar la mezcla de polvo de alumminio y óxido de hierro a la "termita", que es un compuesto altamente inflamable. En el momento del accidente la combustión de la termita pudo hacer que se alcanzasen instantaneamente, o en pocos segundos, los 3.000ºC. Ni que decir tiene que no existía, no se contemplaba un plan de evacuación propiamente dicho para este tipo de situaciones, y pese a la violencia y rapidez del fuego, de las 97 personas que iban a bordo, fallecieron "sólo" 35.

Recapitulando, podemos concluir que al menos una cadena causal que incluye la meteorología, el diseño, los materiales y la evacuación, pudieron contribuir al desenlace trágico de este accidente, o a incrementar sus mortales consecuencias.

El resultado fue la inmediata paralización de las operaciones, ordenada por Hitler, pese a que el LZ130 acababa de terminar de ser construído.

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