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marzo, martes 2, 2021

El miedo a volar afecta a algunos de los políticos más viajeros

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"Entrando en pista para despegue". El aviso del copiloto va dirigido a la tripulación, pero alguien punzada en el estómago. Las rampas están armadas; los flaps, desplegados, y el avión empieza a coger velocidad para subir. (LA VANGUARDIA)

Y el pasajero, pegado en el respaldo de su asiento, está hecho un manojo de nervios de puro miedo, atento a cualquier variación en el ruido de las turbinas y a la cara de las azafatas. Puede ser un turista accidental, pero también alguien que se ve obligado a volar con regularidad por razones profesionales, como un ejecutivo o un político. El miedo a volar afecta a personas con perfiles diversos y no existe una única causa: sufren porque no tienen el control de la situación, o porque sienten claustrofobia, o porque no podrán bajarse si se sienten mal, o porque desconocen que las turbulencias son aparatosas pero inofensivas, y por supuesto están los que temen que el avión explote y se maten. La intensidad del miedo es distinta, como las consecuencias, desde la punzada en el estómago hasta el ataque de pánico. Pero hay solución. También para quien ha sufrido un accidente aéreo y no soportaría verse en la misma encrucijada.

Mariano Rajoy no quiere ver un helicóptero ni en sueños desde hace cinco años, cuando uno de estos aparatos se estrelló nada más despegar, en la plaza de toros de Móstoles, con el presidente del PP y otras cinco personas a bordo. Rajoy salió ileso, salvo una fractura en un dedo, pero tiene fobia a los helicópteros desde entonces. Dice que el avión no le da miedo, pero antes volaba como si nada y ahora piensa que está hecho para quedarse en tierra.

En eso coincide con Alfredo Pérez Rubalcaba, que a su condición de vicepresidente del Gobierno y ministro del Interior, cargos que le obligan a subirse al avión con frecuencia, suma la de ser hijo de un piloto de Iberia. Pero a Rubalcaba le da miedo volar, aunque aprovecha los viajes para leer informes y otras tareas, y si hay turbulencias, se agarra al asiento y no dice ni pío, apunta uno de sus colaboradores.

El trabajo entretiene también los vuelos del líder de Unió y secretario general de CiU, Josep Antoni Duran Lleida, obligado también a coger más aviones de lo que querría. Duran pide siempre un asiento en primera fila y en el pasillo, para ver de cerca al personal de a bordo, y se carga de toallitas perfumadas para tranquilizarse. Hay personas que toman alcohol o una pastilla, y Duran hace años se tomaba un gintonic, pero cambió de táctica. Como Rubalcaba y como Rajoy, nunca ha seguido una terapia.

"La persona que ha sufrido un shock postraumático, como un accidente, no quiere recordar nada y evita volver a aquel momento, aunque la única forma de afrontar el miedo es mirarlo cara a cara, y por eso, entre otras cosas, les pedimos que escriban sus recuerdos una y otra vez, porque escribir libera", asegura Miguel Herrador, coach especializado en miedos y obsesiones, que ha tratado a diversos pacientes con aerofobia. Herrador señala que las personas que temen morir en un accidente aéreo son una pequeña parte de los que tienen miedo a volar, y trata su problema como una fobia simple – como el miedo a las serpientes-,proporcionándoles mucha información, entre otras estrategias. En cambio, la mayoría de los que sufren aerofobia no temen matarse sino perder el control, encontrarse indispuestos en pleno vuelo y no poder salir, sentirse atrapados. "Tienen miedo a sufrir, miedo al miedo, y si se hacen tantas cábalas un exceso de información puede ponérseles en contra", apunta Herrador. "Si durante media hora al día, en casa, como una terapia, se esfuerzan en pensar en lo peor, cada día, pero sólo media hora, con el tiempo ya no serán capaces de pensar en nada malo aunque se empeñen", señala.

A nueve o diez mil metros de altura, un avión puede recibir varios rayos si atraviesa una tormenta, y no pasa nada. Si se avería un motor, tampoco. Y si hay turbulencias, el vuelo es desagradable porque das botes, pero nada más. Javier del Campo, comandante retirado de Iberia, imparte con una psicóloga los cursos de la aerolínea para vencer el miedo a volar, y es partidario de dar la máxima información a los asistentes. En primer lugar, sobre cómo afrontar las fobias y cambiar de conducta, y a continuación, sobre los aspectos técnicos, con datos tranquilizadores como que un avión está preparado para resistir un huracán o la increíble capacidad de las alas para doblarse sin romperse. En grupos de cinco, el comandante los lleva al simulador y les hace toda clase de faenas: incendio de un motor en vuelo, aterrizaje sin tren, despresurizaciones, turbulencias… "Si alguien se agobia mucho o le da un ataque de pánico, ya saben lo que tienen que hacer y lo que no", señala. Entre los que están decididos a seguir el curso está la presidenta del PP catalán, Alicia Sánchez-Camacho, que como muchas personas se pone enferma de pensar que tiene que coger un avión. Está aterrada, especialmente desde que es madre.

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