¿Nos hemos acostumbrado a convivir con ella?

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CorrupciónSanta Cruz de Tenerife, SP, 3 de febrero de 2013.- La corrupción institucional y generalizada llena páginas, ocupa pantallas y rebosa en las ondas de todos los medios de comunicación. Nuevos casos; otros, antiguos solapándose entre sí, enquistados en el tiempo por la inoperancia judicial. La población los asume con indignación difuminada por la resignación colectiva de quienes se ven impotentes para contrarrestar tanta felonía. Hemos devenido en ciudadanía vejada, maltratada por recortes inhumanos y menospreciada por una Administración cruel y corrompida; se nos ha debilitado lo suficiente para imposibilitar nuestra reacción contra los torturadores, y optamos por aceptar el agravio e intentar sobrevivir en mezcolanza con la putrefacción que nos cae desde las poltronas oficiales. Y sin rechistar, porque tampoco sirve de nada…

La generalización admite también casos concretos de corrupción que pasan desapercibidos para la opinión pública por la manipulación informativa ejercida desde el Poder. El más flagrante podría hallarse en los actuales directivos de Iberia.

Respetando, cómo no, la presunción de inocencia, convendría analizar la gestión desarrollada por los susodichos desde 2010, y que la Fiscalía General del Estado actuase de oficio para evaluar los daños y perjuicios inferidos a los trabajadores de la compañía, a los intereses de la ciudadanía y la vulneración de derechos constitucionales en un Estado de Derecho, por si su actuación premeditada y alevosa, constituyese indicio de delito, en virtud de los millonarios beneficios personales obtenidos a cambio de ejecutar la demolición definitiva de una empresa que, hasta que ellos aparecieron, dos años atrás, era brillante, rentable, solvente y motivo de orgullo para la inmensa mayoría de españoles.

Podría tratarse de mera ineptitud. Pero el hecho constatado y constatable es que cuando hace dos años se firmó el convenio de fusión (IAG), "de igual a igual", de Iberia con British Airways,, comenzó un proceso de desmantelamiento de Iberia en favor de la empresa británica que, por aquel entonces se hallaba al borde de la quiebra por un grave problema financiero relacionado con los fabulosos planes de pensiones de sus empleados. Mientras la española mantenía una saneadísima caja que, paulatinamente se ha ido trasvasando a la de su implacable partner.

Dos años después, British Airways compra aviones nuevos de última generación y contrata gran número de empleados en todos sus colectivos. Y su objetivo prioritario es invadir en exclusiva la costosísima T-4 de Barajas (7000 millones de EUR costó a los españoles ese despilfarro de AENA), porque su base de operaciones (HUB) en Londres (Heathrow) se les ha quedado pequeña para irradiar sus tráficos a Asia y América. (Su proyecto es, una vez desaparecida Iberia, enseñorearse del mercado internacional y explotar las low cost españolas, Vueling, Air Nostrum e Iberia Express, como domesticadas servidoras baratas para el trabajo residual de enlaces anejo a su operación principal).

A Iberia, en cambio, se la ha vaciado de contenido en un plan maquiavélico. La mitad de sus aviones se ha pasado gratuitamente a Iberia Express, una "bajo coste" ajena a Iberia, súbitamente creada como competidora externa, a la que se ha trasvasado además la mayor parte de la producción de corto y medio radio, y que utiliza, también gratis, toda la infraestructura operativa y burocrática de la empresa matriz. Al mismo tiempo, las rutas transatlánticas, el largo radio, se le están regalando "por la cara" al socio inglés. Un proceso de desmantelamiento bien diseñado para justificar pérdidas, previamente provocadas, con el fin de preparar una masiva regulación de empleo por exceso de personal intencionadamente propiciado por el vaciamiento progresivo de los medios productivos.

¿Podría entender la Fiscalía Anticorrupción que los millonarios emolumentos de los directivos, responsables de esta debacle, pudieran ser considerados como soborno, procedente de la interesada operación de BA, a través de la fusión IAG, como premio por ejecutar un presunto acto delictivo, cual es la ya definitiva desaparición de Iberia?

El menosprecio hacia unos incautos grupos sindicales que se han dejado engañar por debilidad y por el desespero de lo que se veían venir, a quienes se les han rechazado sistemáticamente y con el despotismo habitual, alternativas viables para el futuro de la compañía. La inmunidad con que se saltaron a la torera un Laudo de "obligado cumplimiento", cuya impugnación fue sospechosamente aceptada por el juez, y que una vez ratificado, volvieron a ignorarlo, con prepotencia insultante, sin que la Justicia moviera un dedo en favor de los damnificados. Una reforma laboral que les ha puesto en bandeja quitar de en medio a 4500 trabajadores casi gratis. La pasividad, quizá cómplice, de un Gobierno de la Nación maniatado por otros compromisos y espurios intereses. Una debilitada Jefatura del Estado sin posibilidad de intervención. Todo configura un escenario de indefensión absoluta ante la fechoría flagrante de unos pocos que, en dos meses habrán culminado la misión para la que fueron contratados por los corsarios ingleses de siempre. Sus servicios prestados serán premiados con los millonarios blindajes que constan en la contabilidad financiera de IAG.

¿Será cuando la Fiscalía pueda meterles mano, si no para remediar el destrozo, ya inevitable, cuanto menos para intentar castigar el presunto delito de corrupción, traición, o similar? Sería un pequeño consuelo para la dignidad de este pobre pueblo malherido.

P.D.: Una réplica basada en que Iberia es ya una empresa privada, no sirve, puesto que su accionista mayoritario es Bankia, intervenida por el Estado !con dinero público!… !nuestro dinero!…

Santa Cruz de Tenerife a 2 de febrero de 2013 bonzoc@hotmail.com

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