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mayo, martes 11, 2021

Úrsula von der Leyen hace despegar la Agencia Espacial de la UE con 14.800 millones de euros

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Atalayar / Juan Pons. Bruselas quiere reforzar la industria europea del sector y convertirse en una verdadera potencia espacial mundial. Ha ocurrido lo que tenía que pasar. El Parlamento Europeo ha aprobado el documento que crea la Agencia Espacial para los Programas Espaciales de la Unión Europea, el reglamento que define sus competencias y funcionamiento, así como un presupuesto de 14.872 millones de euros dentro del marco financiero plurianual 2021-2027, la cantidad más elevada jamás comprometida por Bruselas para los programas espaciales.

La nueva organización bautizada EUPSA ‒acrónimo del inglés European Union Agency for the Space Programme‒ recibió el visto bueno de la Eurocámara el 28 de abril. Será efectiva una vez que el texto sea publicado en el Diario Oficial de la UE y tendrá carácter retroactivo desde el 1 de enero del año en curso. Hace cuatro meses que  tenía la sanción previa de la Comisión Europea que preside la alemana Úrsula von der Leyen y el visto bueno del Consejo Europeo que encabeza el belga Charles Michel. 

La medida establece una organización única que engloba a todos los proyectos espaciales que lleva entre manos la Unión Europea. La consecuencia inmediata es la reconversión de la actual Agencia Europea de Sistemas Globales de Navegación por Satélite (GSA), que fue creada en 2004 para gestionar y operar con carácter exclusivo la constelación de satélites Galileo ‒el GPS europeo‒ y el servicio europeo de navegación por superposición geoestacionaria EGNOS. 

Con su Cuartel General en Praga y desde octubre pasado bajo la dirección ejecutiva del portugués Rodrigo dos Santos, la GSA va a cambiar su denominación y se transformará en la EUPSA. En ella se volcarán las responsabilidades que más pronto o más tarde se le van a depositar, pero que “todavía están en fase de negociación”, confirman en fuentes españolas.

La primera de ellas es la explotación del programa de observación de la Tierra Copernicus. En servicio desde mediados de 2014 y con más de una decena de satélites de alta resolución en órbita, son los encargados de asegurar la captura de datos que informan a los científicos sobre el estado de la salud de la Tierra en todos los órdenes.

Cuatro proyectos bajo un mismo paraguas

También está contemplado que la EUPSA absorba otros dos proyectos que se encuentran en sus etapas iniciales. El de Conciencia de la Situación Espacial o SSA, para vigilar los objetos naturales y artificiales cercanos a la órbita terrestre. El segundo es la iniciativa de comunicaciones gubernamentales por satélite Govsatcom, encaminado a prestar transmisiones seguras y fiables a las autoridades de la Unión y de los países asociados.

El presupuesto decretado para el periodo 2021-2027 está encaminado a financiar la fabricación y explotación de los citados cuatro proyectos ‒y los que vengan después‒, que los comisarios del Gobierno de Úrsula von der Leyen consideran que brindan servicios de gran calidad a los ciudadanos europeos y generan importantes beneficios socioeconómicos. En la situación actual “contribuyen a crear nuevos puestos de trabajo, que ayudarán a remontar los efectos negativos de la pandemia por COVID-19”, recalca el parlamentario italiano Massimiliano Salini, defensor de la EUPSA ante el Parlamento Europeo.

De la dotación de 14.872 millones de euros ratificada por el legislativo de la UE, 9.010 millones (60,58 por ciento) se asignan a renovar las flotas de satélites Galileo y EGNOS. Otros 5.420 millones (36,44%) se dedicarán a desarrollar una nueva generación de plataformas para el programa Copernicus. La cantidad restante de 442 millones (menos del 3%) se empleará en financiar los proyectos SSA y Govsatcom.

La creación de la EUPSA conlleva que todas las actividades espaciales de la UE quedarán bajo un mismo paraguas. Pero desde la óptica española no se percibe que los cambios vayan a ser inminentes. En los ministerios españoles en los que repercuten las modificaciones ‒que son los de Transportes, Ciencia e Innovación, Industria y Defensa‒, las fuentes consultadas son del parecer que la asunción de las nuevas responsabilidades por parte de la GSA reconvertida en EUPSA “no será a corto plazo y mucho menos en lo que resta de 2021”, coinciden. 

Los altos cargos y funcionarios españoles que conocen los ritmos de trabajo y tiempos de reacción de Bruselas señalan que el proceso de transición de la GSA a la EUPSA “será largo”. Lo argumentan a tenor de que, por ejemplo, tanto “la producción de la segunda generación de satélites Galileo como la nueva de Copernicus no obtendrán una decisión definitiva hasta 2022”. Y los otros dos programas evolucionan a un ritmo más lento.

Europa queda con dos agencias, la ESA y la nueva EUSPA

¿Qué pasará entonces con la Agencia Espacial Europea, la ESA? ¿Desaparecerá? Ni mucho menos. Las fuentes españolas consultadas son del parecer que el reparto de papeles entre la EUSPA y la ESA “va a quedar prácticamente igual que hasta ahora”. La ESA y la EUPSA de la Unión Europea son dos organizaciones muy distintas cuya cooperación se remonta a finales del pasado siglo.

La EUPSA está enfocada a gestionar y explotar constelaciones de satélites en órbita y a su comercialización. En cambio, la ESA, creada en 1975 y con su sede central en París, se dedica a la ciencia, la investigación y exploración del cosmos, a desarrollar tecnologías e ingenios espaciales, vehículos de lanzamiento y a formar astronautas, campos en los que Bruselas está totalmente al margen. En fin, que la UE necesita a la ESA para que haga realidad sus proyectos desde el punto de vista técnico.

En el marco del derecho internacional, la Unión Europea es una comunidad política y económica que se rige por el Tratado de Lisboa de 2009. Está constituida por 27 naciones, que han cedido parte de su soberanía a Bruselas y cuya resultante es en esencia un supra estado con capacidad de legislar y cuyos proyectos se basan en el principio de libre competencia.

Totalmente independiente de la Unión Europea, la ESA es una organización intergubernamental integrada por 22 naciones europeas ‒entre ellas España‒,  de la que forman parte países que no pertenecen a la UE, como es el caso de Noruega, Reino Unido y Suiza. Todos ellos ponen en común un porcentaje económico acordado de acuerdo con el PIB de cada país, que se invierte en el programa científico, el único de carácter obligatorio, que retorna en cargas de trabajo a la industria de cada nación participante.

El resto de campos en los que trabaja la ESA se financia con aportaciones voluntarias. En fin, todo apunta a que a corto y medio plazo la cooperación entre la Bruselas y la ESA va a continuar por los mismos derroteros. Pero no hay que olvidar que la vida y el escenario internacional confirman que el pez grande se come al chico. 

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