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SLTA revela los riesgos en la seguridad de las tripulaciones en la lucha contra los incendios forestales

Con el beneplácito de la AESA que ha aprobado conceder una exención a nivel particular a “los pilotos que lo soliciten”, para poder ampliar a 120 horas de vuelo al mes, 40 horas más que las legales

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SLTA, Np.- La oleada de incendios en diferentes puntos que está azotando a toda la península, junto a las vidas que el fuego ya se ha cobrado y la ola de calor extremo que no da tregua, ha obligado a las compañías aéreas a solicitar una exención para que las tripulaciones puedan volar más horas de las que normativa permite, ya que las distintas administraciones se han visto desbordadas por la falta de previsión, escasez de medios y efectivos en la lucha contra incendios.

Como este es un país de “apaños” y con escasa cultura de seguridad existente, las compañías aéreas han solicitado a la Agencia Estatal de Seguridad Aérea AESA que, dadas las circunstancias, se les conceda una exención a las tripulaciones para que puedan volar más horas de las estipuladas; Limitaciones que se supone, son para evitar los “efectos adversos de la fatiga en la seguridad de las operaciones, con el hándicap, de que es una actividad de alto riesgo por la alta exposición que tienen a los diferentes peligros.

Estas medidas vienen a raíz en lo que los expertos en incendios forestales coinciden en calificar como una situación de “virulencia y rapidez de avance de las llamas no vista antes”, y que parece haber pillado” a la administración por sorpresa, a pesar de que los expertos llevan diciéndoles, año tras año, que esta nueva generación de incendios requiere para hacerle frente, de más medios materiales y humanos.

Una situación que sigue preocupando, y que afecta especialmente a las tripulaciones encargadas de realizar trabajos aéreos de lucha contra incendios, las cuales están llegando al máximo de esfuerzo de horas de vuelo mensuales, permitido por la CO16B.

Algo que desconocen los ciudadanos, es que el gran peso de la responsabilidad de la lucha contra incendios con medios aéreos, recae en las compañías aéreas civiles, no en las militares. Estos últimos disponen de todos los recursos necesarios tanto materiales como humanos y lo más importante de todo, un entrenamiento recurrente durante todo el año, algo que por la cuantía de los contratos con la administración es impensable para las compañías aéreas civiles, dado que la administración pública se niega a pagar un entrenamiento recurrente anual.

Por tanto, AESA ha aprobado conceder la exención a nivel particular a “los pilotos que lo soliciten”, para poder ampliar esas 80 horas máximas de vuelo al mes, hasta 120 con una semana de descanso previo. Importante matiz el de la AESA, “los pilotos que lo soliciten”. Como siempre la Autoridad Aeronáutica española, no se moja y delega toda la responsabilidad de la seguridad en los pilotos.

De esta manera, los pilotos que vayan llegando a 80 horas, tras descansar una semana en la que no se permiten días de viaje, se volverán a incorporar para realizar otras 40 horas adicionales. Una medida voluntaria, que no cambia las condiciones del contrato, y en la que cada piloto decidirá si acogerse o no a la exención para poder prolongar su actividad aérea; todo esto con la complicidad de la AESA.

La medida, que incomprensiblemente debemos asumir con impotencia al no haberse previsto una situación que cada año se hace más patente cuando se aproxima el verano, estaría contribuyendo a precarizar más el sector de la extinción de incendios forestales y únicamente significaría, a nuestro entender, una ayuda a las compañías para cumplir con sus contratos a costa de las tripulaciones, especialmente de las contratadas.

En la actualidad, hay tripulaciones que son contratadas y remuneradas por número de días, por ejemplo 20 al mes. Si tomamos como referencia que en 15 días estas tripulaciones han alcanzado las 80 horas máximas al mes, será relevadas y enviadas a su casa, perdiendo 5 días de sueldo, así que se verán forzadas a aceptar la ampliación a 120 horas a cambio de su fatiga, con el incremento del riesgo que tal hecho supone, y siendo contrarias a los procedimientos que contemplan la prevención de la fatiga en las tripulaciones, y que establecen las limitaciones necesarias que garanticen una adecuadas condiciones en cuanto a los mínimos de descanso y tiempos máximos de vuelo de las tripulaciones.

A pesar de ser ésta una medida voluntaria, y obviando el tema de la seguridad, – dado que aquí, a nadie le importa la seguridad de nuestros pilotos-, la misma supondría la discriminación directa a las tripulaciones que no soliciten la ampliación frente a los que sí lo hagan, del mismo modo que habrá pilotos que figuren como no suficientemente involucrados” a los ojos de las compañías.

Lo triste de todo esto, es que a pesar de la enorme labor social que realizan nuestros pilotos, la Autoridad Aeronáutica que tiene que velar por su seguridad, la AESA, mira hacia otro lado. A esto le llamamos Safety, Sra. Mestres.

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