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octubre, martes 4, 2022

AESA cómplice de la falta de previsión de la administración en materia de extinción de incendios con medios aéreos

Mientras EASA pide a los operadores que tomen medidas para evitar la fatiga de las tripulaciones por el caos del verano, AESA permite extensiones en la actividad aérea.

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SLTA, Np.- SLTA, el Sindicato Mayoritario de Trabajos Aéreos, no sale de su asombro tras recibir contestación al escrito presentado ante la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA), acerca de la aprobación de la exención destinada a que los pilotos que se dedican a la extinción de incendios, pudieran ampliar las horas máximas de vuelo establecidas por la propia normativa, siendo este hecho, un potencial efecto adverso para la seguridad de las operaciones.

Es evidente que AESA demuestra su general desconocimiento en materia “Safety” y en particular, en los efectos negativos de la fatiga sobre la seguridad de las operaciones aéreas, cuando deja a criterio de operadores y pilotos, la idoneidad de exceder la horas contempladas en la propia normativa que regula los descansos y actividades: “a que existan razones fundadas para creer que el tripulante esté padeciendo fatiga excesiva o teniendo en cuenta las circunstancias del vuelo en particular que debe llevarse a cabo pudiera acumular fatiga excesiva durante el mismo”.

En el transporte aéreo comercial, para aprobar una exención de este tipo, se exigiría que el operador dispusiera de un Sistema de Gestión del Riesgo de Fatiga (FRM), y en el que se debe incluir, entre otros, que esté basado en principios y conocimientos científicos, ya que la fatiga no se detecta simplemente preguntando a los pilotos si están fatigados, como parece entender la AESA, ni con cuestionarios elaborados por los propios operadores. Es decir, que no es factible si no se cuenta con alguna herramienta analítica específica que valide los datos y con una metodología aprobada, al igual que se exige a los operadores del transporte aéreo comercial, a pesar de que estos últimos, no están tan expuestos a los peligros que implican la actividad de Trabajos Aéreos.

Por lo tanto, consideramos que AESA debería ser más exigente con los operadores a la hora de autorizar una exención de este tipo, y no ser tan laxa en sus requerimientos.

Además, y en línea con este tema, la Agencia Europea de Seguridad Aérea (EASA) publicó recientemente en su boletín informativo de seguridad (Safety Information Bulletin SIB 2022-6), que la situación de falta de personal y servicios en los aeropuertos, que está provocando grandes retrasos y cancelaciones, es mayoritariamente la causante de afectar directamente al nivel de fatiga de las tripulaciones. Y por ello, recomienda a los distintos operadores europeos, la adopción de una serie de medidas relacionadas con las limitaciones de actividad de vuelo para mitigar los efectos. En concreto en el caso de España, pide a la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA), que “se centre en supervisar la manera en que los operadores garantizan el cumplimiento de los requisitos de actividad y descanso previstos en la norma FTL a la hora de programar las actividades de vuelo, y en particular, que pongan el foco en la forma en que los operadores evitan la fatiga de los tripulantes para garantizar un nivel adecuado de seguridad en todas las operaciones y circunstancias”, algo que lamentablemente AESA no parece haber entendido.

Otro dato de gran importancia que la Agencia no ha tenido en cuenta, es la temporalidad de los contratos. Un hecho relevante desde el punto de vista de la seguridad, ya que, en este ámbito, el entrenamiento de las tripulaciones no es recurrente durante todo el año, y se limita a la campaña de incendios, no como en el caso de los compañeros del Ejército, que cuentan con la posibilidad de entrenarse los 365 días al año para realizar el mismo trabajo, que es como debería de realizarse en este colectivo. Por tanto, es un requisito que debería ser exigido a todos aquellos que se dedican a esta necesaria y peligrosa actividad. No es fehaciente que entre sus medidas mitigadoras hayan contemplado este hecho.

No obstante, AESA justifica la aplicación de esta medida “excepcional”, y sin las garantías suficientes, a que “el fin es participar en la extinción de incendios forestales que se están produciendo en nuestro país, y en los que se están poniendo en riesgo vidas humanas”. Recordemos a AESA que los pilotos de trabajos aéreos forman parte de esas vidas “humanas”, y que hasta la fecha, las vidas que el fuego se ha cobrado son mayoritariamente de compañeros que se dedican a las labores de extinción de incendios (simplemente se han de ver las estadísticas), mientras que la población, como es lógico y afortunadamente, forma parte de los evacuados cuando existe un riesgo inminente. Es un pequeño matiz, pero importante, por lo que utilizar este argumento esta fuera de lugar y tiene cierto tinte demagogo.

A las administraciones públicas, tanto el Estado como las Comunidades Autónomas, se les ha traslado en reiteradas ocasiones durante todos estos años, la necesidad de reforzar tanto los recursos humanos como los materiales (medios aéreos), ante esta nueva generación de incendios que estamos enfrentando. Lamentablemente, en los pliegos de condiciones técnicas (PCT) se ha seguido exigiendo el mismo número de tripulaciones por máquina, a pesar de que todo indicaba que éste iba a ser un año catastrófico, tal y como se está comprobando, y cuya tendencia va a ir en aumento, si no se toman medidas contundentes, como tener bases y personal estable durante todo el año.

Estamos habituados al desprecio de todas las instituciones y a las “palmaditas en la espalda” cuando un compañero de extinción de incendios cae en acto de servicio. Podemos entender la desidia y la falta de miras por parte de los políticos, hacia un problema que es global, los Grandes Incendios Forestales (GIF). Lo que no podemos entender, es que la principal autoridad que supuestamente se encarga de la seguridad de las operaciones aéreas, AESA, mire hacia otro lado y sea cómplice de los que tienen el deber y la obligación de velar por la seguridad de todos los ciudadanos, incluidos los pilotos de trabajos aéreos.

Ya está bien de ser el comodín de todos ellos, y ya es hora de empezar a tomar decisiones para que, en la medida de lo posible, se puedan mitigar las horribles consecuencias de los Grandes Incendios Forestales.

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